Mis inicios marciales

5 12 2011

Corría el año 1980. Yo tenía entonces 16 años. Influenciado quizás por la serie de TV Kung Fu, de David Carradine, que seguíamos todos por aquel entonces, embelesados, en la tele en blanco y negro, y también por supuesto por las películas de Bruce Lee y las más cutres pelis “de chinos, como El Luchador Manco y tantas y tantas otras, degustadas con absoluta delectación en los cines de barrio en sesiones dobles de Domingo por la tarde; y puesto que no me gustaba la práctica de los deportes que apasionaban a mis amigos de entonces, básicamente el fútbol, decidí que quería practicar artes marciales. ¡Yo quería hacer Kung Fu! Lamentablemente en aquella época en Barcelona pocas escuelas de Kung Fu debían haber, y si las había, yo no sabía ni por donde empezar a buscar. Internet no existía y mis posibilidades de tiempo y desplazamiento eran más bien escasas.

Por aquel entonces lo que estaba en pleno auge era el Tae Kwon Do, y como a una manzana de mi calle abrieron una escuela de este arte, convencí a mis padres y me apunté sin dudarlo aún sin saber qué era aquello del “Taicondo” como decía mi madre.

Hay que pensar que como he dicho antes, Internet no existía. Nadie de nosotros había visto en su vida un ordenador ni sabía lo que era. ¿Ver vídeos? ¿Eso qué es? Es difícil para la juventud de ahora imaginar aquello pero así era. Las fuentes de información eran extremadamente escasas y no había manera alguna de remediar eso. Así pues, aunque no fuese Kung Fu, aquello del arte marcial coreano sonaba genialmente exótico con lo cual allí que me metí de cabeza.

Enseguida me enganchó. ¡Aquello era lo que estaba buscando! Yo era muy enclenque y delgado pero tenía las piernas rápidas y buena elasticidad, con lo que lo de pegar patadas se me dio muy bien desde el primer momento. De mi primer instructor no guardo especial recuerdo, sus clases eran amenas, era buen tío y a mi parecer era muy bueno. Se llamaba Joan, y con él estuve apenas un año y medio, hasta que empecé a destacar entre los alumnos de la escuela y me propuso entrar en el equipo de competición que llevaba el que era su maestro, Jordi Martínez Banzo. Me encantó la idea y para ello tuve que despedirme de aquella primera escuela, de nombre Chi Tae, para incorporarme a las clases de Jordi “La Yaya” Martínez, mi primer y verdadero Maestro (con mayúsculas). Jordi daba clases en el Tae Kwon Do Catalunya, un clásico gracias a él, en la calle Córcega, y allí que me fui.

Desde el primer día vi claro que no es que hubiese estado perdiendo el tiempo en la anterior escuela, ya que me sirvió para coger la base necesaria, pero aquello era otro nivel. Allí había gente muy buena, que además competía en serio, el nivel era muy alto y el maestro era un crack. Jordi “La Yaya” Martínez me acogió como un tío al que le cae un sobrino lejano al que tiene que enseñar, y como yo estaba justo en el peso que le faltaba en el equipo de competición que él entrenaba, me convertí en uno más de su equipo. Fueron unos años muy intensos de entrenamientos, trofeos, interclubs, y competiciones varias, compartiendo tatami y entrenamiento junto a gente que  llegarían a ser grandes dentro del panorama del Tae Kwon Do español y mundial.

Además del propio Jordi, competidor de élite y maestro de leyenda y referente para muchos, bajo su tutela tuve el gran honor y placer de entrenar y compartir tatami con grandes del TKD que o bien ya estaban dentro del equipo o que venían a entrenar con Jordi para preparar campeonatos etc, como  Jesús Benito, Luis Torner, Ireno Fargas,  Coral Bistuer, Mari Carmen Martínez, etc etc todos ellos grandes campeones, que subieron al podio ganando medallas en multitud de ocasiones en los campeonatos de España, de Europa y del Mundo.

Yo era mediocre compitiendo, y aunque era muy rápido, me faltaba arrojo y determinación para lanzarme a comerme al contrario en el tatami, por lo cual siempre peleaba a la contra, y si no tenía suerte en alguna acción a la contra se me solían comer con patatas, con lo cual nunca conseguí pasar de alguna medalla en trofeos menores e incluso alguna medalla en el Trofeo de la Mercè, todo un orgullo, ya que por aquel entonces era uno de los trofeos más prestigiosos de Europa, más valorado por muchos incluso que el campeonato de España, puesto que venían competidores de muchos países del mundo a participar.

 

Dani Esteban. Yop Chagui en salto. Año 1985 ó 1986, en el Tae Kwon Do Catalunya.

Pero ya digo, yo era un competidor mediocre que sólo servía de relleno para el equipo y de sparring para todos esos grandes competidores que me zurraron de lo lindo durante años en las sesiones de entrenamiento. Buenos tiempos aquellos. Jordi siempre que perdía un combate me decía “tranquilo Dani, los has hecho bien, a la próxima te lo comes!”

Escribiendo esto aún puedo verlo allí, acuclillado frente a mí, entre asalto y asalto, yo sentado en una silla, jadeando, en una esquina del tatami, y él sosteniendo y masajeando mis piernas, mientras me daba a chupar medio limón, que según él iba cojonudo para recupararse. Aún siento sus manos en mis piernas y su voz dándome ánimos, “venga Dani, en cuanto te entre lo frenas con un Yop Chagui y seguido le metes Tuit Chagui en salto y es tuyo!”. Y luego sus gritos durante el asalto, “Sube la guardia, sube la guardia!, ya es tuyo!”

Pasó el tiempo y no recuerdo bien porqué motivo, Jordi dejó el Tae Kwon Do Catalunya y se trasladó a otro Gimnasio, en Esplugues de Llobregat, donde ya no pude seguirle más que alguna que otra esporádica clase debido a que yo vivía en Barcelona, y me resultaba imposible desplazarme a Esplugues a entrenar en los horarios de clase.

Por aquel entonces yo era cinturón marrón, y Jordi me recomendó que continuase mi entrenamiento para prepararme para cinto negro con un buen amigo suyo y maestro, que impartía clase en la Academia de Artes Marciales, en la calle José Estivill, frente a la iglesia rara de la Meridiana. Así pues dejé el equipo de competición y seguí mi entrenamiento allí durante un año aproximadamente. No recuerdo el nombre del profesor amigo de Jordi. ¿Cerezo?

En aquellos tiempos, para examinarse de cinturón negro había que ser árbitro regional, con lo cual me saqué el título de árbitro y cuando estaba a punto de examinarme para cinto negro, estalló todo el jaleo de los coreanos con las Federaciones de TKD, escindiéndose en dos, la ITF (International Tae Kwon Do Federation) y la WTF (World Tae Kwon Do Federation) con lo cuál no sabíamos ni dónde ni por que Federación tendríamos que examinarnos ni en cual íbamos a  quedarnos. Y justo al mismo tiempo me lesioné. Estuve seis meses o más en dique seco gracias a una fuerte lesión de tobillo y no pude examinarme para cinto negro en esa convocatoria, lo cual junto a mi salida de la competición y las pobres perspectivas que veía para mí en el Tae Kwon Do, todo junto, hizo que se desinflase un poco mi ilusión por este deporte marcial, ya que poco había para progresar fuera de la competición.

Aún así seguí practicando durante un tiempo hasta que un día de 1987, caminando por la calle vi una hoja de papel pegada en el vidrio trasero de una furgoneta blanca, escrita a bolígrafo creo recordar, o en todo caso muy cutre, que anunciaba clases de Ninjutsu y un teléfono.

Fue como una señal. ¿Ninjas en Barcelona?. El Tae Kwon Do se esfumó de mi vida en ese instante y supe al momento que tenía que llamar ahí y probarlo. ¡Yo quería ser Ninja!. Me dirigí a una cabina (no existían los teléfonos móviles) y marqué el número. Me atendió una voz de mujer y todo parecía muy misterioso. Sí, admitían alumnos, pero no se podía ir a mirar una clase ni a probar, había que ingresar directamente y adquirir un compromiso de lealtad. Era Marzo de 1987, yo tenía entonces 22 años, y me dirigí a un piso cercano a la Sagrada Familia donde a modo de dojo tradicional japonés se impartían clases de Ninjutsu en las más completa clandestinidad.

Pero lo que viene a continuación forma parte de otra larga historia…

Dani Esteban -Kôryu-

Jordi Martínez Banzo, cariñosamente conocido por “La Yaya”, falleció el mes de Marzo de 2007 tras luchar con mucho coraje contra el cáncer. Siempre le llevaré en mi corazón. Era un grandísimo tipo y un maravilloso artista marcial. Descansa en Paz Jordi. Muchas gracias por todo. Nunca te olvidaré.

Un sencillo homenaje a Jordi, querido por todos en el mundo del Tae Kwon Do: Jordi Martínez Banzo, La Yaya

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8 responses

5 12 2011
Inoshishi Yoroi

Genial articulo y genial foto!
Espero con ansia la segunda parte de la historia!

5 12 2011
Oscar.R

La academia de TKD de la calle Jose Estivill, madre de dios la que esta al lado de mi casa que casualidad, muy buen articulo y muy chula la foto.

14 12 2011
Guilherme Pantopom

Alucinante historia Dani y la foto, de antología! Un abrazo para ti y para Kim y todos en Bushi Dojo… felices fiestas!

14 12 2011
bushidojo

me alegra que te guste sr Pantopom! XD lo mismo para tí, un abrazo enorme, felices fiestas y todo lo mejor para el año próximo!

6 08 2013
Noemi

Quizas coincidimos en TKD Cataluña,yo lo segui desde hospitalet hasta sagrada familia y con los años volvi alguna vez a esplugues a modo de invitada.Me has hecho recordar muchas cosas,Gracias y felicidades por este maravilloso homenaje que le has hecho.

6 08 2013
bushidojo

🙂

23 02 2014
j.c.Couso

Te refieres a Francisco Aguilà Cereijo gran maestro y director de Academia de artes marciales

23 02 2014
bushidojo

sí! gracias!

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