El ego y su influencia en nuestra vida y en nuestro Budo.

20 11 2012

ego

m. psicol. El yo individual, considerado en su aspecto consciente. Se ocupa de la realización de las actividades psíquicas y del control de los impulsos del ello para adecuarlos a las posibilidades de la realidad externa.

antrop. En el análisis del parentesco, la persona que se toma como punto de partida.

ego s. m. Valoración excesiva de uno mismo: su ego le impide reconocer que se ha equivocado de nuevo.

-ego, -ega

Sufijo que entra en la formación de escasos adjetivos que indican origen o pertenencia: manchego.

ego [‘eγo]

1 instancia psíquica que se reconoce como “yo”

patologías del ego

2 aprecio excesivo de alguien por sí mismo

tener un gran ego

El ego es, para la psicología, la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como yo y es consciente de su propia identidad. El ego, por lo tanto, es el punto de referencia de los fenómenos físicos y media entre la realidad del mundo exterior, los ideales del superyó y los instintos del ello.

Para el psicoanálisis freudiano el ello  está compuesto por los deseos y los impulsos. El superyó (superego), en cambio, está formado por la moral y las reglas que un sujeto respeta en la sociedad. El yo (ego), por último, es el equilibrio que permite que el hombre pueda satisfacer sus necesidades dentro de los parámetros sociales.

Aunque algunas corrientes rechazan esta división de la mente en tres personas diferenciadas, para Sigmund Freud la personalidad humana está compuesta tanto por los elementos conscientes como por los impulsos inconscientes.

El ego, que evoluciona con la edad, intenta cumplir con los deseos del ello de manera realista y conciliándolos con las exigencias del superyó. El yo, por lo tanto, cambia con el paso del tiempo y de acuerdo al mundo externo.

Freud cree que el ego trasciende el sentido de uno mismo para convertirse en un sistema de funciones psíquicas de defensa, funcionamiento intelectual, síntesis de la información y memoria, entre otras. El yo supone el primer paso del propio reconocimiento para experimentar alegría, castigo o culpabilidad.

En el lenguaje coloquial, por último, se suele hacer referencia el ego como exceso de autoestima. Por ejemplo: “Este actor tiene tanto ego que, en algún momento, va a chocar contra una pared”.

El ego nace con nosotros cuando venimos al mundo. Cuando somos niños, a través del cariño, del amor y del cuidado, sentimos que somos buenos, valiosos, que tenemos alguna importancia. Nace un ego, un “centro”. Pero este centro es un centro reflejado. No es nuestro verdadero ser. No sabemos quiénes somos, simplemente sabemos lo que los otros piensan de nosotros. Y este es el ego: un reflejo de la opinión de los demás.

Si cuando somos niños nadie piensa que somos útiles, nadie nos aprecia, nadie nos sonríe, entonces también nace un ego. Un ego enfermo, triste, rechazado, como una herida, sintiéndose inferior, sin valor.

Esto también es el ego. Esto también es un reflejo. Primero es la madre la que crea nuestro mundo. Después otros se le suman a la madre y así irá creciendo el mundo del niño.

Y cuanto más crecemos, más complejo se vuelve el ego, porque las opiniones de muchos más son reflejadas.

El ego es un fenómeno acumulativo; es el subproducto de vivir con otros.

Y como lo real, sólo puede llegar a conocerse a través de lo falso, el ego es una necesidad. Uno tiene que pasar a través de él y trascenderlo para vislumbrar lo que realmente somos.

Lo real puede ser conocido solo a través de lo ilusorio. No puedes conocer la verdad directamente. Primero tienes que conocer lo que no es verdadero. Primero tienes que encontrar lo que es falso. Y es a través de ese encuentro cuando te vuelves capaz de conocer la verdad. Si conocemos lo falso como falso, la verdad despertará en nosotros.

El ego es una necesidad social. Y todo el mundo lo refleja. Iremos a la escuela y el maestro reflejará quiénes somos. Seremos amigos de nuestros compañeros y ellos también nos reflejarán quienes somos.

A la sociedad no le interesa que lleguemos a conocernos a nosotros mismos.

La sociedad crea un ego, porque el ego puede ser controlado y manipulado. Nadie ha escuchado jamás que la sociedad pueda controlar al SER: eso no es posible.

Luego poco a poco nos convencemos de que ese ego que la sociedad nos da, es lo que somos.

El ego siempre es sacudido; siempre está en busca de alimento, que alguien lo aprecie, que le den atención. Si nos quieren, estamos felices, si nos desprecian creemos que no valemos nada.

Obtenemos la idea de quienes somos por los demás. No es una experiencia directa.

Vivimos con ese centro falso sin saber que llevamos nuestro verdadero SER dentro nuestro.

Intenta comprender esto tan profundamente como se pueda, porque el ego debe ser controlado.

De lo contrario, nunca seremos capaces de alcanzar el SER. Porque nos hemos vuelto adictos a ese centro falso y no podemos salir de él, nos hemos convertido en prisioneros.

Al desechar al ego podemos sentir que perdemos todos los límites y nos sentiremos aturdidos, aterrorizados, estremecidos, como si hubiera ocurrido un terremoto.

Pero si tenemos valor y no retrocedemos, si no volvemos a caer en el ego y continuamos y seguimos más allá de él, conseguiremos vencer al falso ego y encontrar el verdadero SER.

Bajo mi experiencia personal el ego se ha de combatir día a día, y la vida y las personas que pasan por ella consciente o inconscientemente, te van dando enseñanzas para combatirlo, es cuestión de que uno mismo sepa identificar esas enseñanzas (saber leer entre líneas). Es uno mismo quien debe combatir ese exceso de ego falso que nos hace romper con nuestro entorno y destruir nuestra verdadera personalidad. Y lo que más importa es tenerlo controlado. Un exceso de felicidad alimentado por halagos de la sociedad (como por ejemplo sucede con ciertos artistas como cantantes, actores, e incluso en las artes marciales), puede debilitar nuestro SER verdadero y crear una figura falsa hacia nuestra sociedad. Lo mismo pasa totalmente al revés, si en vez de halagos es un exceso de menosprecios, insultos, etc. Nuestra baja autoestima crea un escudo y una falsa realidad sobre nuestra persona, y por ejemplo nos hacemos creer que somos más valientes, más inteligentes, y actuamos como superiores en vez de analizar nuestra realidad y aceptarnos tal cual somos y no disfrazar nuestra realidad.

En definitiva, un exceso de ego, ya sea mayor (superyó) o menor (baja autoestima), no es bueno para nosotros mismos, y siempre sufriremos sus consecuencias. Hay que combatir siempre el ego y ser verdaderamente uno mismo. En mis artes marciales el ego va casi siempre encaminado al superyó, desde que nos iniciamos y somos principiantes, al ir subiendo nuestro nivel, pasando nuestros exámenes de grado y creyendo que cada vez somos mejores, entra en juego nuestro ego. Si no somos capaces de identificarlo y superarlo, controlando al máximo ese falso yo, tendremos que ir alimentándolo constantemente y rodeándonos de las personas que pueden hacerlo con halagos o incluso con engaños.

Hay una etapa crítica en mi arte marcial, y para mi esa etapa es de 1er Kyu  hasta 5º Dan. En esa etapa el ego está fuerte y es en ese momento cuando nosotros somos más débiles y es muy fácil caer en esa trampa, alimentando el falso yo. Durante esa etapa, si no tienes consciencia de ello, caes en un círculo vicioso en el cual necesitas alimentar ese ego más y más, ya que el resultado de no poder alcanzar ese estímulo de placer, de alta autoestima, es entrar en un estado de frustración, el cual llega siempre acompañado por las rivalidades, las envidias, los celos, te baja la autoestima, etc., con la consecuencia de que tu ego, tu SER falso te derrota. Por ello lo importante es estar siempre en alerta y cuando sientes que tu ego se infla, debes ser humilde y bajar la autoestima para controlar ese estado.

Como suelo decir, debes entrenar con la consciencia de un niño, pero combatir tu YO con la fuerza de un adulto.

Víctor Bayod “Ôkami”

Shidoshi de Bushi Dojo y aprendiz de Budo Taijutsu Bujinkan

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2 responses

20 11 2012
Juan Esteban

” En las artes marciales existen tres aspectos esenciales: 1º, la visión y el conocimiento de uno mismo. 2º, la espada de la decisión a través de la eliminación de fallos, debilidades y de lo innecesario, y por último la sinceridad, el sentimiento, la devoción, lo interno y la comprensión del corazón ” (Dr. Masaaki Hatsumi)

20 11 2012
Juan Esteban

Resumiendo lo que muy bien expones en el articulo 😉

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