Ashigaru – los guerreros subestimados de Japón

2 07 2015

Ellos hicieron todo el trabajo y los samurai consiguieron todo el crédito.

Los samurai obtuvieron demasiado crédito. Los soldados de infantería de Japón, los ashigaru, comenzaron simplemente siendo agricultores sacados a la fuerza de los campos para aumentar el ejército de un daimyo. A medida que fue pasando el tiempo se convirtieron en combatientes profesionales incluidos en la casta samurai. A las historias les gusta representar las guerras japonesas llenas de duelos a espada de los samurai. Pero la verdad es que los samurai lamentaron la llegada de “la guerra ashigaru” ya que el humilde soldado de infantería robó sus proezas.

Orígenes de los Ashigaru

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Los ashigaru eran los soldados de infantería que conformaron una parte sumamente grande pero históricamente silenciosa de los ejércitos del Japón antiguo. Entenderlos primero requiere una mirada a los orígenes del samurai. La imagen que la mayor parte del mundo tiene actualmente de ellos, en realidad viene del período final, de los días finales de la clase guerrera. Fue sólo después de que Japón fuese unificado y terminasen sus guerras civiles cuando los samurai se convirtieron en maestros de espada. En los primeros tiempos de las guerras japonesas, los samurai sirvieron principalmente como arqueros montados a caballo. Las referencias escritas más tempranas no mencionan las espadas, sin embargo juzgan a los samurai por lo bien que ellos usaban sus arcos.

La guerra de a pie principalmente fue realizada por agricultores reclutados. Ellos eran un atajo de gente inexperta, y las armas que usaban eran básicamente herramientas agrícolas o las saqueadas a los samurais muertos. No eran considerados soldados sino tan solo carne de cañón, despojos prescindibles, ni siquiera eran equipados, ni recibían paga alguna. La compensación venía en forma de botín, que resultó ser sustancial. Ser un ashigaru demostró ser mucho más lucrativo que ser un simple agricultor. Esto condujo a que numerosos luchadores vagabundos se unieran a los ejércitos samurai.

Los años oscuros

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Los campesinos comprendieron rápidamente que luchar en las guerras podría hacerlos más ricos que trabajar la tierra, y muchos simplemente dejaron de cultivar la tierra para convertirse en guerreros a tiempo completo. Así nació otra clase de ashigaru, los que merodeaban por los alrededores de los campos de batalla uniéndose al bando que les parecía que tenía más probabilidades para ganar. Eran mercenarios, no fiables y rebeldes. Su tasa de alistamiento era tan alta como su tasa de deserción. Muchos de ellos ni siquiera sabían donde estaban ni en qué bando luchaban, mientras fuese el bando ganador y hubiese dinero a ganar, eso no importaba.

Esta falta de escrúpulos dio al ashigaru una imagen sombría, que fue cementada cuando ellos incendiaron el área que debía convertirse en Kyoto durante la Guerra Onin. Fueron etiquetados de peligrosos, casi elementos criminales. Los samurai los toleraron sólo porque eran necesarios para la guerra. Por eso nunca oímos hablar sobre ellos excepto en el fondo de los cuentos sobre samurais. Los escritores japoneses estuvieron más interesados en escribir sobre la noble clase guerrera que sobre campesinos mercenarios.

Pero la guerra japonesa se calentaba y los ashigaru se habían convertido en proto-soldados. Los samurai fueron siempre una fuerza bélica bien entrenada, pero una vez que numerosísimos mercenarios ashigaru entraron en la lucha, la guerra se intensificó. El ashigaru era ahora semiprofesional, y bastante competente con una variedad de armas. Una de ellas, la uchigatana, ayudaría a forjar al samurai en lo que este se convertiría más tarde.

Las crónicas tempranas relatan las batallas de samurai como duelos privados en los que se usaban diferentes series de armas y que acababan en luchas cuerpo a cuerpo. Mientras que estas historias seguramente fueron exageradas, lo que claramente podemos ver es que ellos no tenían ninguna preferencia especial por las espadas. La katana en realidad evolucionó de un arma ashigaru llamada uchigatana. Era esencialmente una katana barata y desechable. La uchigatana se llevaba como la katana típica que conocemos hoy, en la cadera, con lo cual ellos podían desenvainar y estocar en un solo movimiento.

El samurai, mientras tanto, había estado usando un tipo diferente de espada llamada tachi, que se llevaba sobre la espalda. Desenvainar y estocar o cortar requería dos movimientos separados. A medida que la guerra japonesa comenzó a hacerse más feroz, el samurai necesitó una espada más rápida. Y rápidamente adoptaron el ashigaru uchigatana, que más tarde evolucionó hacia lo que conocemos por  “el alma del samurai.”

Una Clase móvil superior

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Como las campañas de los daimyo se hicieron cada vez más largas, la victoria no favoreció a los más valientes, sino a los más ricos. Los jefes más ricos se hicieron aún más poderosos porque tenían bastantes recursos para mantener a más hombres tanto en la guerra como en casa trabajando los campos. La transformación de los ashigaru de vagabundos a soldados profesionales comenzó cuando los jefes (gobernantes) comenzaron a preferir soldados a jornada completa que solo estacionales.

A medida que los daimyo confiaban cada vez más en los ashigaru, comenzaron a equiparlos con mejores armas. Y más notablemente, fueron entrenados en el uso de arcos para que pudiesen enfrentarse a una carga de caballería enemiga con una volea de fuego. Pero ahora que los arcos estaban en las manos de los plebeyos, la imagen de los samurai como arqueros de élite desapareció. Fue una consternación para muchos filósofos samurai, que llamaron al cambio de táctica “guerra ashigaru.”

Otra arma que el ashigaru tenía en común con el samurai era la lanza. El samurai luchaba con lanzas desde mucho antes de que ellos incluso tocaran sus espadas. En realidad les impelían a no tener un arma favorita, ya que ellos tendrían que confiar en muchas de ellas a todo lo largo de una batalla. Hay pruebas que de vez en cuando aún los samurai de mayor rango cayeron frente a un experto lancero ashigaru, que recibió a cambio una promoción a samurai, presentando a su amo la cabeza de éste. Las unidades de lanceros ashigaru eran particularmente predominantes  debido a su barato coste y a la eficacia del arma.

Desde que los ashigaru usaban las mismas armas que los samurai, empezaron a recibir algo del mismo entrenamiento intensivo. El coraje bélico y la habilidad de algunos ashigaru fue tan bien considerado que algunos miembros de la elite ashigaru incluso sirvieron en la guardia personal de los daimyo. Sus habilidades rápidamente se acercaron y de vez en cuando aún sobrepasaron a las del samurai. Un general célebre alardeó que él podría hacer luchar a 10 ashigaru como 100 samurai. Estos comandantes ashigaru se llamaron “ashigaru taicho.” A pesar de tener el mando sobre meros plebeyos, estos fueron catalogados entre la élite de los generales de Japón. Los ashigaru llegaron a ser no sólo reconocidos como valiosos activos de guerra, sino como el primer paso para los plebeyos que querían convertirse en samurais de pleno derecho.

Los ashigaru y las armas de fuego.

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Los samurai odiaban las armas de fuego. Los fusiles que Japón había recibido del extranjero ofendían a la clase guerrera de Japón. La idea de que cualquiera, aún un campesino humilde, pudiese matar a un samurai totalmente entrenado con sólo mover un dedo era un insulto. Incluso el arco fue preferido a las armas de fuego ya que la maestría con esta arma requería años de entrenamiento. Las armas de fuego, en cambio, se podían aprender a manejar en tan sólo unos días.

Pero los daimyo vieron el potencial de las armas de fuego, y estaban más preocupados en asegurar victorias que en cultivar el honor de sus sirvientes. Rápidamente absorbieron las armas de fuego en sus ejércitos. Considerando el odio del samurai hacia el arma “ordinaria”, cuando las armas de fuego fueron introducidas en Japón, estas fueron consideradas la tarifa de campesino, y en gran parte colocadas en las manos de los ashigaru.

Decir que las armas de fuego fueron el factor decisivo en el final de las guerras civiles aparentemente infinitas de Japón sería una exageración. Pero sin ellas no es probable que Oda Nobunaga hubuiese sido capaz de vencer a sus rivales y tener éxito en la unificación de Japón. Ellas jugaron un papel clave en su batalla contra el daimyo rival Takeda Shingen y su feroz caballería. Su batalla fue un punto decisivo para el  ambicioso y joven Nobunaga, en su carrera hacia el poder. Él había incorporado ashigaru equipados con armas de fuego en sus líneas de combate de vanguardia, que se enfrentaron a la carga montada de los samurai de Takeda con una volea de fuego de fusilería. Esto rompió la carga de Takeda, permitiendo a las fuerzas de Nobunaga ganar la batalla tarde o temprano, y también haciendo del manejo de rifle ashigaru una parte crítica de la lucha.

El ashigaru que se convirtió en Maestro de Japón

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El ashigaru más notable fue Toyotomi Hideyoshi, quien se elevó del campesinado humilde para hacerse el amo incontestado de Japón. Hideyoshi era el hijo adoptado de un ashigaru bajo Oda Nobunaga, el unificador de Japón. Aunque no está claro del todo, se dice que Hideyoshi era el portador de sandalias de Nobunaga. Independientemente de su posición exacta, él se elevó para convertirse en uno de los generales de Nobunaga después de una serie de éxitos.

Tras la muerte de su maestro, Hideyoshi apoyó la sucesión de su nieto, aunque en realidad sólo estaba cogiendo el poder para él. Después de una serie de conflictos tuvo éxito y venció a sus rivales, y asumió el lugar de Nobunaga como gobernante maestro de Japón. Aunque el sistema no estaba diseñado para permitir al campesinado alcanzar la cima del poder político y militar, eso fue lo que pasó realmente. Ser un ashigaru era el único camino por el que el hijo de un agricultor pudo hacerse el hombre más poderoso de Japón. Todo lo que necesitó fue talento, mucha ambición, y un poco de intriga política.

En este punto, las cosas cambiaron para los ashigaru. Hideyoshi temió que otra rebelión de plebeyos tomara su lugar algún día, así que le dio una patada a la escalera por la que había ascendido para prevenirse de cualquier usurpador potencial, y congeló el sistema de clases de Japón. El resultado fue que cualquier combatiente ahora era considerado un samurai. Bajo Hideyoshi, los ashigaru oficialmente se unieron a la clase guerrera. Aunque habían diferentes rangos que determinaban beneficios y ventajas como la paga y la hacienda, cuando el tiempo fue transcurriendo,al final no hubo ninguna distinción entre ashigaru y altos rangos samurai. La línea que los separaba se hizo demasiado delgada.

La ascensión a Samurai

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Mientras los samurai consiguieron toda la gloria, los ashigaru luchaban junto a ellos desde el principio mismo. Siglos de batallas los habían transformado de agricultores reclutados en luchadores de, de vez en cuando, misma habilidad. Y eventualmente llegó el punto en que estamos ahora. Cuando decimos la palabra “samurai”, no nos damos cuenta que también estamos diciendo “ashigaru”.

 

– Artículo original en inglés aquí. Traducción y adaptación Dani Esteban -Kôryu-

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