Entrenar es un acto de fe

Al final de cada clase hacemos una pequeña rueda de comentarios, preguntas, observaciones etc., y ayer al final de la clase un alumno principiante se sentía descontento por su desempeño en el trabajo que se estuvo realizando y comentó que tenía mucho trabajo a nivel mental para poder asimilar ese descontento y superarlo. Obviamente le contesté que no debía preocuparse, que todos hemos pasado por esa situación, y que la clave para superarlo no es pensar “qué mal me sale esto o qué malo soy haciendo tal cosa u otra”, “nunca podré llegar a hacer eso”. ¡No!, la clave es pensar “pues aquello no me ha salido mal del todo” u “ostras, la técnica aquella me ha salido bastante bien al fin y al cabo”. Y sí, claro que tendré que esforzarme mucho más para que aquello que hoy no se hacer o que hago mal, vaya mejorando poco a poco, sin prisas, pero sin pausas.

A mi me gusta decir que entrenar es un acto de fe. Es un acto de fe porque estás poniendo tu empeño y tu intención en algo que no ves nada claro, incluso en algo que ves como inalcanzable o imposible. Pero debes creer en ello, debes creer que, si pones el suficiente empeño y los recursos necesarios, algún día vas a llegar al objetivo que te hayas marcado. También es importante tener un profesor/instructor/maestro que sepa darte el ánimo y el apoyo necesario, pero al final debes saber que todo va a depender de ti y solo de ti. De nadie más. Aunque tengas el mejor profesor del mundo, si tú no te esfuerzas lo suficiente no lo vas a conseguir. Y, es más, aunque te esfuerces, es posible que nunca lo consigas, pero lo que está claro es que sin esfuerzo no hay recompensa.

Cuando digo lo del acto de fe, me viene a la memoria una de las escenas más famosas de la película Indiana Jones y la última cruzada, que es cuando este se encuentra frente un enorme precipicio, y un viejo libro le indica que tiene que realizar un salto de fe para cruzarlo. ¡Aquello es una locura! Parece imposible. No hay nada ahí, sólo el inmenso vacío del precipicio frente a sus pies. Pero, sin embargo, en cuanto Indiana Jones levanta el pie y da un paso en el aire, éste toca suelo firme donde apoyarse. ¡Hay un camino, un puente que estaba perfectamente escondido y camuflado en lo que parecía el vacío!

Y ese camino es tu perseverancia en el entreno, tu esfuerzo y tu empeño diario. Y digo diario porque no basta con ir al dojo a entrenar dos tardes por semana. Si lo haces así, tal como muchos lo hicimos en el pasado, vas a tardar siglos, como hemos tardado muchos de nosotros, en alcanzar un nivel aceptable de Budo (si es que lo hemos conseguido). Si lees sobre los grandes maestros del pasado, encontrarás historias como que el maestro Fulanito, que empezó su práctica en la escuela Tal a la temprana edad de 10 años, obtuvo la Maestría Completa de dicha escuela (el Menkyo Kaiden) a la edad de 14 años. Por ejemplo. Algo así sucedió con uno de nuestros grandes maestros del pasado, Takamatsu Sensei. Y tú crees que Takamatsu Sensei, o el maestro Fulanito, ¿entrenaban solamente los martes y los jueves de 19h a 20:30h en el dojo de su maestro? ¿En serio? Pues no. Entrenaban cada día, en el dojo o fuera de él, 3 o 4 horas o más, a la salida del colegio o al acabar su jornada laboral, con maestro o en solitario, todos los días, sábados y domingos incluidos, y esos días festivos incluso aún más horas. Y eso durante todos esos años, con pocas excepciones. Haz números. Sólo así llegaron donde llegaron. No por ser superdotados ni por tener unas características genéticas diferentes al resto, sino por su fe en aquello, su empeño y su decisión de conseguirlo a toda costa. Y eso no todo el mundo lo tiene. Tú decides a donde quieres llegar, pero si entrenas para un 2, no vas a sacar un 10. Es fácil de entender, ¿no?

Es justo decir también que en aquella época pocas otras cosas tenían para hacer. No tenían la play-station, ni existía Netflix ni internet, ni tenían bares o discotecas o cines a los que acudir a divertirse, es decir que no tenían demasiadas diversiones ni distracciones. Y que aquellos que llegaron lejos eran por norma general, salvo raras excepciones, personas que tenían un nivel de vida medio o alto, es decir, no necesitaban trabajar de sol a sol para ganarse el pan. De hecho, muchos de los grandes eran de familias poderosas y podían dedicarse todo el tiempo que quisieran a sus actividades favoritas, en su caso la práctica de las artes marciales.

Y por otro lado, también es justo decir que por mucho que entrenes, por muchas horas que le dediques y por mucho empeño y esfuerzo y recursos que le pongas, si hablamos de fútbol por ejemplo, está claro que nunca llegarás a ser un Messi. Hay unos límites, y hay una cierta genialidad innata que no podrá suplir tu entrenamiento por mucho que este sea. Pero en este simple ejemplo sí que podrías llegar a ser un jugador profesional, de segunda o de primera división. Con el esfuerzo necesario eso sí sería posible. Y eso ya es un nivel MUY aceptable. ¿No crees?

Así pues, si realmente lo quieres, da ese salto de fe. Confía en ti mismo y en tus posibilidades. Rodéate de gente que te anime y te apoye, y si crees que no lo tienes, busca un maestro que te ayude y te guíe en ese sentido y te de las herramientas necesarias para conseguirlo. Pero recuerda, el acto de fe lo tienes que hacer tú.

Dani Esteban -Kôryu-, Bujinkan Dai Shihan

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