Shudo (手弩) y Ōyumi (大弓) – Ballestas japonesas

Ono no Harukaze usando una ballesta

En este artículo me gustaría abordar uno de los aspectos más misteriosos e interesantes de la historia militar japonesa: el uso de la ballesta.
De hecho, la gente por lo general (y por muchas razones que explicaré en este artículo) no asocia Japón con las ballestas en absoluto.
Sin embargo, los japoneses no sólo conocían las ballestas, sino que también las usaron ocasionalmente en la guerra.

En primer lugar, es justo señalar que, a diferencia de otros elementos desconocidos de la guerra japonesa antigua y feudal, como escudos, hachas o mazas, que generalmente no se asocian ni con Japón ni con los samuráis, la ballesta nunca tuvo mucho uso.
Si esas armas antes mencionadas eran raras, la ballesta lo era aún más; pero aún así vale la pena hablar de ello.

Shudo (手弩) – Ballesta de mano
Shudo es el nombre japonés para las ballestas de mano, pero no es el único. También se conocía como ishiyumi (escrito como 弩 o 石弓), shudo (手弩), doshu (弩手) o dokyū (弩弓).

El primer tipo de ballesta que se encontró en Japón se excavó en la prefectura de Shimano y se remonta al período Yayoi (probablemente alrededor del 200-300 d. C.). Como todo lo relacionado con el período Yayoi, no se sabe mucho al respecto y ese es el único ejemplo excavado. Era un modelo bastante simple, hecho de madera.

Hay otras referencias de este tipo de armas; la primera está dentro de un informe sobre una cuadrilla de bandidos en la oficina provincial de Dewa en el año 878, en el que se robaron «100 shudo». La segunda, un inventario de la oficina provincial de Kōzuke compilado alrededor del año 1030, enumera «25 shudo» (aparentemente como la totalidad del stock) como faltante.
Según el diseño y la fabricación del único mecanismo de disparo excavado en Japón, que era de bronce, estas ballestas se importaban de China o Corea.
Lamentablemente, no sabemos ni cómo eran ni qué poder de penetración tenían.
Es posible que las ballestas tuvieran un uso relativo entre los siglos IX y X, pero las pocas evidencias dispersas desaparecieron por completo de Japón después de este período, hasta el Edo jidai.

Un boceto de shudo del período Edo

Hay pocos ejemplos de ballestas de la era Tokugawa; algunos están en colecciones privadas, otros se conservan en el museo Royal Armouries en Leeds y en el MET.
Estos shudos tardíos están hechos con huesos de ballena y están construidos en dos capas como un resorte de hojas.
La del Met, al menos por su descripción, estaba hecha con cuerno, acero y madera. Es muy posible que estas ballestas estuvieran basadas en modelos chinos o fuesen directamente importadas.
La del museo Royal Armouries todavía tiene sus propios virotes (dardos), que están equipados con cabezas perforantes.

Un dardo de ballesta japonés del museo MET

Aunque estas armas parecen funcionales, es imposible establecer su potencia o si fueron hechas para funcionar como armas y no como juguetes para los samuráis aburridos del período Edo. Al igual que con las de los siglos IX y X, no sabemos mucho sobre ellas.

Otra ballesta de mano que vale la pena mencionar es la ballesta de acero ordenada por Matsudaira Sadanobu a principios del siglo XIX. Fue hecha en 1820, y el diseño es bastante impresionante considerando el hecho de que Japón se quedó con la tecnología del período Sengoku hasta mediados del siglo XIX.
El arco estaba hecho de acero templado y el mecanismo del gatillo tenía un resorte de acero.
Como ya expliqué en un artículo que escribí sobre el arco, los japoneses ya estaban familiarizados con los arcos de acero (y, por lo tanto, con el templado) al menos desde el siglo XVI, aunque eran raros debido al costo y los problemas prácticos de producir y usar un arco de acero.

La primera parte de la ballesta, con el arco y parte de la culata
La segunda parte de la ballesta, con la culata y otros componentes.
Toda el arma dibujada

Entonces, ¿por qué estas armas no se consideraron tanto en Japón, especialmente durante la era de las guerras Samurai? Puede parecer extraño, considerando la distancia desde China, un país que hizo de las ballestas uno de sus símbolos militares durante gran parte de su historia. Hay un buen número de razones que explican bastante bien la situación.

La primera razón tiene que ver con problemas de producción nativa. Para hacer una ballesta eficiente capaz de perforar armaduras, se necesita acero templado o una estructura compuesta hecha de cuerno, huesos, tendones y madera, que era la forma en que se fabricaban las primeras ballestas prácticamente en todas partes.
El problema con el acero templado es que la tecnología requerida para hacer una pieza homogénea de acero y luego endurecerla y templarla adecuadamente no estaba disponible antes del siglo X (e incluso más tarde), sin mencionar el costo de tales productos.

Por otro lado, como expliqué en mi artículo sobre los arcos japoneses, Japón carecía de un suministro serio de huesos, cuernos y tendones.
Esto no fue un gran problema para la construcción de arcos, ya que todavía se podía hacer un arco muy poderoso con madera y bambú; solo necesita ser muy largo, de ahí la dimensión del Yumi.
Sin embargo, este es un gran inconveniente con el diseño de ballestas; la fabricación de ballestas con bastones de arco compuestos de madera y bambú comparables en longitud a las de los arcos normales habría dado como resultado un arma demasiado difícil de manejar para ser práctica: no sólo extraordinariamente ancha, y no fácilmente utilizable por tropas que se encuentran en filas cerradas, sino también extraordinariamente larga , ya que habría sido necesario alargar la culata para permitir un poder de carga suficiente.

Sin embargo, este no fue el único problema. De hecho, la importación de modelos chinos habría resuelto el problema y, por lo que sabemos, las pocas ballestas utilizadas antes del siglo X fueron importadas de China.
Hubo una verdadera indiferencia hacia esta arma en Japón, principalmente debido a sus limitaciones tácticas.

Si bien las ballestas son armas extremadamente efectivas, tienen algunos defectos perjudiciales que las hicieron inadecuadas para la guerra japonesa de la época.
Las ballestas no se pueden recargar mientras se monta a caballo o se camina, se necesita un torno y entrenamiento serio para funcionar correctamente, son engorrosas de transportar y su «velocidad de disparo» es muy lenta en comparación con la de los arcos.

La estructura militar y la organización de los primeros samuráis no permitieron que estas armas prosperasen, debido a la falta de disciplina entre los soldados de infantería, el predominio de los guerreros montados y el terreno muy montañoso y desigual de Japón. Todos estos aspectos combinados hicieron que las ballestas de mano fueran una mala elección para el típico guerrero medieval japonés, y pronto el arco prevaleció hasta mediados del siglo XVI.

Ōyumi (大弓) – Ballesta de asedio

Si bien las ballestas de mano tuvieron un uso limitado a lo largo de toda la historia militar de Japón, no se puede decir lo mismo de las ballestas de asedio, llamadas Ōyumi. Esta arma es un poco más famosa y hay más fuentes que se ocupan de ella. Sin embargo, al igual que las otras ballestas, no sabemos cómo eran ni cómo se suponía que funcionaban. Nunca se han encontrado descripciones o dibujos.

Parece haber sido una especie de catapulta montada en una plataforma, estilo ballesta, parecida a los oxybeles de los griegos o al lithobolos, la ballesta romana, y dispositivos similares, quizás capaces de lanzar ráfagas de flechas o piedras en un solo disparo, posiblemente una variación de la ballesta de repetición china.

Una posible representación artística del Ōyumi.

Esta arma de artillería fue llevada a Japón por los coreanos en el año 618 y los japoneses comenzaron a desplegarla regularmente en la década del 670 contra los Emishi.

Una entrada de la crónica del año 835 señala la existencia de un «nuevo ōyumi» (shindo), inventado por Shimagi Fubito Makoto, que se suponía que podía girar libremente, disparar en todas las direcciones y ser más fácil de descargar que el diseño existente hasta el momento. El texto comenta que, cuando se demostró el arma, los cortesanos reunidos pudieron «oír el sonido del disparo, pero no pudieron ver ni siquiera las sombras de las flechas al pasar».
Se colocaron ballestas de asedio en varios lugares clave en el Mar de Japón para evitar las incursiones de los piratas de Silla durante el siglo IX.

Un límite crítico de esta arma era la habilidad requerida para usarla. Varias fuentes subrayaron lo difícil que era operar con ella y que era necesario entrenar a las tropas para usarla.

Entre 814 y 901, la Corte recibió solicitudes de instructores de ōyumi de no menos de diecisiete provincias. Todos tenían la misma queja: lamentablemente, las armas de sus armerías se iban a desperdiciar porque nadie sabía cómo usarlas.
A pesar de este límite y del lento declive, las ballestas de asedio se siguieron utilizando hasta finales del siglo XII.
En el Mutsu Waki, que describe la guerra del 1053 al 1062, se registra el uso tanto de flechas como de piedras.

El uso del ōyumi también se registra en el Gosannen Kassen Ekotoba que trata sobre la guerra de finales del siglo XI y el último uso registrado data del siglo XII, durante la guerra de Gempei.
La habilidad requerida para usar y fabricar este tipo de armas declinó a lo largo de los siglos, por lo que no es una sorpresa ver que esta arma desaparece por completo después del siglo XII, cuando se estableció un largo período de paz y el conocimiento detrás del ōyumi se perdió para siempre.

Espero que te haya gustado el artículo, para cualquier duda no dudes en escribir un comentario! Estaré encantado de responder.
¡Siéntete libre de compartir el artículo y hacer correr la voz! Muchísimas gracias por tu tiempo.

Artículo original en inglés en Gunbai

Traducción y adaptación de Dani Esteban -Kôryu-

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