Refranes japoneses sobre la motivación y la autosuperación

16 10 2019

Japón tiene muchos refranes tradicionales o “Kotowaza” (諺) los cuales tienen moralejas interesantes, y en especial significados relacionados con la superación personal y la motivación. En este post vemos 5 de esos refranes japoneses que a través de sus sabias enseñanzas dejan algún mensaje positivo para reflexionar.

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1- Incluso sí el polvo se amontona puede crear una montaña

en japonés:  Chiri mo tsumoreba yama to naru (塵も積もれば山となる)

Este refrán indica que a través de la constancia, la paciencia y los pequeños esfuerzos se pueden lograr grandes objetivos. Algunos japoneses consideran a este refrán como una referencia al sentido del ahorro. Ya que guardando pequeñas cantidades de dinero con constancia, eso a la larga puede convertirse en una suma más grande.

2- El fracaso es la madre del éxito

en japonés: Shippai wa seikou no haha de aru (失敗は成功の母である)

Un refrán muy interesante, que enseña que el hecho de fracasar no es perder, sino que es aprender para hacerlo mucho mejor la próxima vez. Ya que aprendiendo de las equivocaciones se puede llegar con más experiencia y preparación al éxito.

3- Todo lo bueno que haces puede regresar a ti

en japonés: Nasake wa hito no tame narazu (情けは人のためならず)

¿Alguna vez has escuchado oír que todo en la vida vuelve?. Al parecer en Japón también existe es tipo de pensamiento, y este refrán tradicional enseña justamente eso: que cuando hacemos algo bueno por los demás, esa acción tarde o temprano también puede regresar a nosotros.

4- No hay que olvidar el espíritu de principiante

en japonés: Shoshin wasureru bekarazu (初心忘れるべからず)

Cuando comenzamos el aprendizaje de algo nuevo (una carrera, habilidad, profesión, etc) lo hacemos con mucho entusiasmo. Sin embargo conforme pasa el tiempo uno se acostumbra tanto a lo que hace que a veces pierde ese nivel de emoción e interés en la materia. Este refrán japonés enseña que no se debe olvidar lo que uno sentía al comenzar su aprendizaje o emprendimiento, ya que de esta manera uno puede revivir el entusiasmo y recordar las razones por las que eligió iniciar ese camino.

Y por último uno de los más conocidos, sobre todo entre nuestro mundillo marcial…

5- Si te caes siete veces, levántate ocho

en japonés: Nana korobi ya oki (七転び八起き)

Este quizás sea uno de los refranes japoneses más conocidos en occidente. Su moraleja indica que si bien levantarse de las “caídas” de la vida no es algo fácil, aún así vale la pena intentarlo. Este dicho popular suele estar vinculado con el muñeco Daruma, ya que este tiene un peso en su parte inferior, lo cual hace que aunque se caiga vuelva a levantarse nuevamente.

Nana korobi ya oki: “Siete veces te caes, ocho veces te levantas”, es antiguo un proverbio japonés muy escuchado, especialmente en el ámbito de las artes marciales, el trabajo y el estudio. Levantarse después de cada “caída” en la vida no es fácil para nadie, pero la filosofía japonesa hace hincapié en que vale la pena intentarlo. Es muy común que los japoneses hablen de que se van a esforzar en algo y a la vez, es normal que (muchas veces en el día) le digan ¡ánimo! (Ganbatte!!) ¡Esfuérzate! a alguien o a sí mismos. En su cultura, el esfuerzo en el trabajo y los estudios vale mucho y habla muy bien de una persona. Si bien tienen mucha presión a nivel social, eso no los detiene en absoluto. Ya que en su filosofía, el fracaso es la madre del éxito, y el éxito no tiene porque darse en el primer intento. Los japoneses tienen muchos conceptos similares o iguales a este proverbio famoso de «Intentarlo una vez más», y dan lo mejor de sí mismos en cualquier rol que desempeñen. Ya sean empresarios, estudiantes, empleados o aunque se dediquen a hacer reparto de comida a domicilio.

Nana (Siete) korobi (Caer) ya (Ocho) oki (Levantarse) = «Siete veces te caes, ocho veces te levantas»

Hagan lo que hagan, sin importar el puesto o categoría, lo hacen con gran esmero. Y en la mayoría de los casos, siempre están agradecidos y orgullosos de su rol en la sociedad, ya sean trabajadores independientes, o presidentes de una empresa. Obviamente, no digo que son las personas más positivas del mundo, o que no se “caigan” de tanta presión, porque en Japón no todo son maravillas. Pero este tipo de conceptos sobre el esfuerzo que tienen en su cultura, les ayuda a hacer las cosas de esta manera. Como dijo el personaje de Tom Cruise en El último samurai: «Desde que se levantan, intentan mejorar en lo que sea que hagan, nunca he visto yo tanta disciplina.»  Sabias palabras.

Artículo original de Darío Britez, publicado en Mirando hacia Japón




Omamori

8 01 2019

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Omamori : La palabra proviene del verbo mamoru que significa proteger, cuidar, defender.

Así pues este es el nombre que recibe una especie de colgante hecho de tela que se vende, sobre todo, en los templos japoneses, y que a modo de amuleto, según la creencia, sirve para diferentes fines: evita los accidentes, da buena suerte, mejora la salud, ayuda en el amor, ayuda a aprobar los exámenes, da suerte en los negocios, etc. ¡Hay omamoris para casi todo!
Los japoneses llevan los omamori en muchos sitios, desde en el bolsillo, hasta en el bolso, en la cartera, en el coche o hasta en el móvil.

La bolsa, llamada omamori-bukuro,es normalmente de colores vivos y lleva bordado el nombre del templo donde se ha comprado además de alguna imagen a lo que se refiere el amuleto en cuestión, etc.

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En su interior, cerrado a la vista, si lo abriéramos, encontraríamos un pequeño papel o una pequeña tablilla de madera con el nombre del dios protector para la ocasión y una oración escrita por un monje, que nos conecta con el dios del que obtendremos protección y compañía. Si la bolsa del omamori se abre y su interior se expone al exterior, se supone que la protección se pierde y habrá que comprarse otro omamori para estar protegidos.

Por lo general, los omamori son talismanes para llevar consigo, pero también hay objetos con la misma función que se colocan en las casas, como los ofuda, que suelen ir en las columnas o a la entrada, etc.

En teoría, un omamori dura toda la vida, aunque es común comprarse uno nuevo al acudir al templo en Año Nuevo, lo cual es una tradición, o porque el omamori anterior está muy deteriorado ya. En estos casos, se deja el antiguo en el templo, donde será quemado en un ritual especial para ello y se obtiene el nuevo que nos protegerá durante todo el nuevo año.

Según la religión sintoísta, hay dioses, llamados kami, en cualquier cosa. Por ello, si bien hay omamori generales, que sirven para una protección general, también hay omamori específicos, con su dios específico que cumple una protección determinada.

Por ejemplo, para las mujeres embarazadas existe el anzan-omamori (anzan significa parto fácil). La tradición dice a las mujeres que compren este artículo para colocarlo cerca del vientre, para que también esté en contacto con el feto.

Para el amor existe el enmusubi-omamori, un amuleto específico para aquellas personas que quieren encontrar el amor, o que quieren mantener la pareja que tienen o tener éxito en el matrimonio. El dios que les protege es el dios de las parejas, llamado Enmusubi.
Es común que la pareja se compre dos omamori de este tipo iguales, rojo para ella y blanco para él.

También existe un omamori para los estudiantes, que los proteje y ayuda sobre todo durante la época de exámenes. El dios que les protege es el de la escitura, la poesía y los estudios.

Otros omamori específicos son los dedicados a las personas que están enfermas, ayudándolas a superar su enfermedad, los específicos para los conductores (o viajeros que tienen un largo recorrido por delante), los dedicados a los negocios y el dinero, los que sirven para pedir éxito, prosperidad, buena suerte, y por supuesto también existen omamori para pedir progreso en el Budo, en los templos que albergan alguna deidad guerrera o relacionada con las artes marciales, etc.

Tradicionalmente eran las miko, las sacerdotisas del santuario, las que hacían los omamori a mano, pero hoy en día muchos se producen en masa en fábricas y luego se bendicen en los templos y santuarios antes de ponerse a la venta. A través de un ritual, el omamori se convierte en un objeto sagrado, razón por la cual debe tratarse siempre con respeto.

Los omamori tienen doble función. Por un lado y como ya hemos visto, sirven para protegernos y darnos buena fortuna y por otro lado sirven como ofrenda al santuario o templo, ya que la venta de omamori es una de las muchas formas que tienen los santuarios y templos japoneses de auto-financiarse. Formalmente, no se suele hablar de “comprar” un omamori, sino de hacer una ofrenda monetaria al templo por la cual se recibe a cambio el omamori. De hecho, en los santuarios sintoístas se utiliza un término específico para referirse al importe de estos objetos, hatsuhoryō, que sería el dinero que se ofrece en concepto de ceremonia. Tanto en estos lugares santos como en los templos budistas, hay una zona donde se recogen los distintos tipos de amuletos viejos. Posteriormente, se celebra una ceremonia en la que se queman con fines purificadores, para devolverlos al cielo.

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Dado que un omamori es un artículo sagrado que debe tratarse con sumo respeto, no debe tirarse a la basura jamás. Si queremos deshacernos de él, deberá quemarse, idealmente en un santuario o templo, como símbolo de respeto. Pero son muchos los japoneses que guardan omamori de sitios turísticos que han visitado u omamori que les han regalado en momentos puntuales de su vida, y no los llegan a quemar jamás. Así pues, si te compras o te regalan un omamori, tranquilo, puedes guardarlo en casa sin problemas, no estás rompiendo ninguna ley inamovible.

Información recopilada de diferentes fuentes por Dani Esteban -Kôryu-, Bujinkan Dai Shihan

 





El horario de trabajo de un samurai

20 12 2018

La semana de 5 días laborables se ha convertido en la norma en Japón, pero el concepto de “día libre” es algo que solo se introdujo en Japón en la era Meiji. Hasta el período Edo, no había concepto de “semana” y, por lo tanto, no había “días libres”. En otras palabras, las personas trabajaban sin parar durante todo el año. En el noveno año de la era Meiji (1876), el domingo fue designado como día festivo oficial de la semana.

Pero no fue hasta 1919 cuando la mayoría de los ciudadanos japoneses pudieron tomarse el domingo libre cada semana. Esto significa que tener domingos libres solo ha existido desde hace unos 100 años en Japón. La razón por la que los domingos se convirtieron en festivos en la era Meiji fue porque los japoneses comenzaron a comerciar y tener relaciones diplomáticas con las naciones occidentales. Y aunque quisieran mantener negociaciones los domingos, sus homólogos occidentales se tomaban ese día libre, por lo que también tuvieron que hacer lo mismo.

En tiempos más recientes, la mayoría de los japoneses han comenzado a tomarse 2 días libres cada semana, sábado y domingo. Pero, ¿Qué hay de los samurai? ¿Tenían días libres? Hubo algunas diferencias según el rango, pero cuando observamos a los Samurai que protegían el castillo de Edo y realizaban además diferentes tareas, ¡en realidad tenían 5 días libres en una semana! En otras palabras, ¡tenían unas condiciones de trabajo envidiables de solo 2 días a la semana!

Tenían un horario de trabajo llamado “tareas de 3 días” por el cual tenían 1 día laborable y 2 días libres. Con este ciclo, en total trabajaban solo 10 días y tenían 20 días libres al mes.

Así pues, ¿cómo pasaban los samurai tantos días libres? En realidad, los samurai de rango inferior recibían un pago de 3 ryo al año más el arroz necesario para una persona, lo que equivaldría actualmente a unos 400.000 yenes (unos 3.000€). Eso eran alrededor de algo más de 33.000 yenes actuales (unos 255€) al mes, por lo que ni siquiera en aquella época era suficiente para vivir. Para compensar eso, tomaban muchos trabajos secundarios.

En obras históricas, a menudo se ve a los samurai haciendo sombrillas de papel, que fue un trabajo secundario muy popular para los samurai de rango inferior. Aparte de eso, muchos samurai criaban grillos, hacían pinceles de madera, linternas o cometas. Para los samurai de rango inferior que recibían los “3 ryo más el arroz de una persona”, sus días de descanso quizás eran incluso días de más trabajo que cuando realizaban las tareas propias de samurai. Pero a veces pasaban también los días libres haciendo cosas que no costaban dinero.

A lower ranked Samurai doing his part time job of making an umbrella

La actividad más popular parece que era ir a los templos. Visitar los templos y santuarios y ver el paisaje de la ciudad de Edo (hoy día Tokio) era el equivalente al “pasar el rato” en estos días. Las casas de baños públicas también eran lugares populares para matar el tiempo y socializar. Las casas de baños eran típicamente para la gente común, por lo que no era muy frecuente que los samurai fueran allí, pero ocasionalmente se relajaban en las habitaciones superiores de las mismas o tomaban algo de soba barata (fideos) como parte de su disfrute del día libre.

Y, ¿Qué hay de los samurai de clase media y alta, que eran vasallos del shogunato y tenían un salario más alto? Allí los samurai podían vivir cómodamente sin tener que trabajar en aparte en oficios paralelos. A menudo se dedicaban a sus pasatiempos favoritos o a estudiar algún tipo de arte que fuera de su interés, también prácticas marciales, o simplemente se relajaban en los baños públicos públicos o frecuentaban los burdeles.

Como vemos, incluso en el mundo de los samurai, tal vez los pasatiempos de los más ricos no son tan diferentes a los de hoy. 🙂

 





Las mejores maderas para bokken y otras armas

14 12 2018

Normalmente cuando vamos a adquirir un arma de entreno procuramos siempre que sea de la mejor calidad posible, al menos quienes ya llevamos años en esto. No nos conformamos con un bokken que vaya a romperse a la primera de cambio o con un bo, naginata etc que no vaya a resistir los embates de un trabajo duro.

En este artículo vamos a repasar las mejores maderas japonesas para la construcción de este tipo de armas.

Una de las más conocidas es el roble japonés. Puede ser roble rojo o roble blanco. ¿En qué se diferencian y cuáles son sus características, ventajas e inconvenientes?

El roble rojo japonés, o Akagashi, se encuentra generalmente en las cadenas montañosas en la parte oeste de Japón y recibe su nombre por el hecho de que la madera tiene un tono rojizo distintivo en comparación con otros tipos de roble. Es un árbol que suele también plantarse en templos o residencias.

Los árboles crecen alrededor de 20m de altura, y su madera se usa a menudo como material de construcción o para hacer Shamisen (instrumento musical) y otros instrumentos musicales japoneses. Dado que la madera de roble rojo japonés también es muy resistente al agua, también se usaba tradicionalmente para hacer barcos, timones, y remos entre otras cosas. Sus hojas son largas y elípticas, y de entre los robles japoneses son las más grandes, por lo que al roble rojo japonés también se le conoce como Ōgashi (gran roble).

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Roble rojo japonés

Se dice que la madera de roble rojo japonés es una de las maderas más duras que se producen en Japón, llegando a tener una densidad relativa de madera seca que supera 1.0 (103 kg / m3). Debido a esto, si bien la madera es relativamente difícil de procesar y secar, es muy resistente y duradera, y no se deforma mucho después de secarse. Es una madera considerada de muy alta calidad en Japón.

En el Budo, la madera de roble rojo japonés se usa a menudo para fabricar armas como Bokken, Jo, Bo, Naginata, etc. Sin embargo, como esta madera es cada vez más difícil de conseguir y los precios del mercado se han disparado, a veces se usa como sustituto el roble rojo de corteza (Ichigashi) que también es muy duradero, y valorado como uno de los mejores materiales de madera para fabricar equipos de Budo junto con el roble blanco y el rojo.

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Detalle de Bokken hecho con roble rojo japonés Akagashi

La madera de roble rojo japonesa difiere mucho de la madera de roble rojo norteamericano. Aunque ambos árboles son de la misma familia y están relacionados, el roble japonés es de hoja perenne, y debido a esto no tiene un grano abierto como el roble americano, sea el blanco o el rojo. La estructura de grano abierto de la madera de roble americano produce áreas blandas que son más propensas a sufrir daños por impacto. Por otra parte, el roble rojo japonés tiene una estructura que es uniformemente dura, y tiene una mucha más resistencia a las abolladuras y al impacto que los robles americanos.

El otro roble japonés es el blanco, o Shirakashi, que se puede encontrar principalmente en la parte sur de Japón, en las regiones de Shikoku y Kyushu. Al igual que su pariente, el roble rojo, es una madera también muy dura y pesada con alta resistencia y durabilidad. Cuando se menciona “Kashi” (roble) en la región de Kanto, la mayoría de las personas se refieren al roble blanco japonés, y se lo encuentra a menudo en los templos. El nombre de “roble blanco” proviene del hecho de que la sección transversal de la madera se ve blanca justo después de ser cortada, y en Japón se le ve como un árbol de buen augurio y es muy familiar para los japoneses.

En Budo se suele utilizar igualmente que el rojo para fabricar armas de madera. Dado que es pesado y muy resistente, es una de las maderas preferidas para usar en la práctica con contacto y Suburi. El roble blanco japonés fue la madera favorita de muchos maestros de espada famosos de toda la historia japonesa, debido a su practicidad y alta durabilidad. Cuando se compara el roble blanco japonés con el roble rojo japonés, el roble blanco es aún más duro y no se rompe tan fácilmente ya que tiene el grano más denso, lo que también lo hace un poco más pesado y preferible como material para fabricar bokken. Sin embargo, en comparación con el roble rojo japonés, el roble blanco se astilla un poco más fácilmente, lo cual es uno de sus puntos débiles.

La comparativa con el roble americano es la misma que se ha comentado anteriormente con el rojo.

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Bokken de roble blanco japonés, Shirakashi

La siguiente madera es la llamada Sunuke, una madera que ha sobrevivido durante siglos. Como hemos visto antes, para construir espadas de madera una de las más utilizadas hoy día es el roble, pero si buscamos espadas de mayor calidad tenemos que ir a maderas como el ciruelo japonés, el ébano y el sunuke. Sunuke se refiere al núcleo de la madera tomado del árbol distylium racemosum (isunoki) que ha crecido durante al menos más de 200 años, llegando algunos a 300 e incluso 400 años de edad. La madera vieja se desecha y solo se utiliza el núcleo. También se le llama isunuke. Tiene un distintivo color marrón rojizo oscuro y la madera es pesada y resistente, y es de alta calidad en términos de peso, resistencia, brillo y sonido.

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distylium racemosum (isunoki)

Desde tiempos antiguos, el sunuke se valoraba como material para hacer peines, adornos tradicionales y para los shamisen, que requieren madera densa debido a la afinación. Los samuráis preferían los peines de sunuke en lugar de los de madera de boj usados más generalmente. La calidad de la madera y su color la convierten en un material superior para objetos ornamentales. Debido a que el sunuke se saca de los árboles isunoki que han sobrevivido durante siglos en un entorno natural difícil, se cree que el material tiene buenos augurios de longevidad y protege contra enfermedades y espíritus malignos.

Su fibra es muy resistente, al igual que la madera de ébano, y el pulido le da un bonito brillo que la hace perfecta para ciertas partes de las casas como postes de alcoba de alta calidad, dinteles, etc.

Los guerreros de la escuela Jigen-ryu usaban esta madera para sus bokken ya que su resistencia es mayor que la del roble y se encuentra entre las maderas más pesadas y más fuertes de Japón. Pero como es un árbol viejo, viven siglos, las fibras ya no se pegan unas a otras, por lo que a menudo se agrieta a lo largo de las líneas de fibra.

Recientemente no queda mucho sunuke, y cada vez es más raro de encontrar. Si comparamos una espada de madera hecha de sunuke hace 20 años con una hecha de sunuke recientemente, la fuerza y el peso son los mismos, pero los más recientes han perdido el color fuerte. En los próximos años, el Sunuke aún se podrá comprar, pero debido a su rareza, es probable que el precio siga aumentando sin parar.

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detalle de bokken hecho con madera Sunuke

Por último vamos a tratar de la madera preferida por Miyamoto Musashi, el Biwa. El Biwa es lo que nosotros conocemos como el árbol del níspero, que produce esos frutos tan dulces y apreciados y cuyas hojas tienen muchas propiedades medicinales que no detallaremos en este artículo.

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árbol del níspero con sus frutos

Al secar la madera del Biwa, además de volverse extremadamente dura, también se vuelve flexible, por lo que es un material muy usado para hacer bastones desde la antigüedad. Hoy en día, en Japón, cuando la madera se pule y se la convierte en un bastón, se le conoce comúnmente como el bastón de “la longevidad”, es algo así como un talismán. Es debido a estas características por las que desde hace mucho tiempo se utiliza para fabricar bokkens. En otras palabras, gracias a su fuerza y resistencia, ha sido la madera de preferencia junto con el roble y el Dystilium (Sunuke) para la fabricación de bokkens entre las escuelas de kenjutsu más conocidas por entrenar con contacto duro.

Y aunque esto todavía está abierto para el debate, en el trabajo de Eiji Yoshikawa, Musashi Miyamoto, hay una línea que dice que si eres golpeado por un bokken de madera Biwa hasta tus huesos se pudrirán. La explicación lógica detrás de esto es que un bokken de madera de Biwa (níspero) es muy flexible, y cuando un golpe penetra lo suficientemente profundo en el cuerpo, causa una fractura compleja al impactar con los huesos. Los destroza. Mientras que un golpe con un bokken de roble causa un tipo sencillo de fractura, una fractura limpia. El efecto es muy diferente en el caso del níspero. Resulta que Musashi Miyamoto era particularmente aficionado a este tipo de bokken, y se sabe que él mismo esculpió y conservó algunos.

El níspero salvaje se ha vuelto muy escaso hoy en día, y la mayoría de los bokken hechos de esta madera que hay en circulación ahora mismo son en realidad sustitutos hechos de Rosa de Invierno (Camellia Japonica), conocida como Tsubaki en Japón. La  madera de rosa de invierno también es muy dura y suave, y debido a que su grano es apenas visible y su color se asemeja al del níspero, los dos son relativamente homogéneos. Sin embargo, si comparamos uno al lado de otro notaremos que el níspero es un poco más amarillo, lo que lo hace más fácil de distinguir. Los Bokken hechos de níspero salvaje se venden generalmente con el nombre de Hon-biwa (“Biwa original / auténtico”) pero debido a su escasez, tienden a ser muy caros.

Para finalizar, y como curiosidad, precios medios aproximados de un bokken fabricado con cada una de las maderas mencionadas en el artículo:

Bokken de roble japonés, rojo o blanco:  a partir de 50€. Los bokken más baratos que se venden como roble suelen ser de roble americano o maderas que imitan al roble.

Bokken de sunuke: a partir de 120€

Bokken de níspero original salvaje: a partir de 400€

 

Dani Esteban -Kôryu-

Bujinkan Bushi Dojo

 





Playas paradisíacas en Japón

5 11 2018

Con el frío ya instalado en estas latitudes viene de gusto soñar de nuevo con el verano y las playas. Y hablando de playas, no demasiada gente sabe que en Japón existen algunas de las playas más paradisíacas que nos podamos imaginar. La gente suele viajar a Japón con otros objetivos de viaje en mente, pero ¿qué tal si es época de calor y dedicamos unos días a disfrutar de las mejores playas de Japón? Hay que pensar que Japón cuenta con más de 30.000 kms de costas en sus cuatro islas principales y con alrededor de 3.000 pequeñas islas.

Dicen que las mejores playas de Japón se encuentran en Okinawa, que cuenta con 150 islas. Una de las mejores es Yonaha Maehama, en la isla de Miyako, cerca de Taiwan. Siete kilómetros de una belleza descomunal con arrecifes de coral, tonos azules y aguas cristalinas.

Playa Yohana Maehama (Japón)

 

Pero aparte de Okinawa, a 1 día en ferry desde Tokyo, en medio del Pacífico, se oculta uno de los tesoros naturales más apreciados de Japón, el archipiélago de Ogasawara, patrimonio de la humanidad y también conocido como islas Bonin. Se trata de 30 islas semitropicales que fueron descubiertas en 1543 por la expedición al mando del navegante español Bernardo de la Torre.

Es como si de otro planeta se tratase. Su flora y fauna han desarrollado un proceso de evolución excepcional desde que las islas se separaron del continente, por lo que son conocidas también como las “Galápagos de Oriente”. Pura naturaleza.

Archipiélago de Ogasawara (Japón)

Estas islas estuvieron inhabitadas hasta 1830. Es decir, hace menos de 200 años no había casi nadie. Estaban intactas. Vírgenes. En realidad, en la actualidad únicamente vive gente en la isla Chichi-jima o isla padre, y la isla Haha-jima o isla madre. Posiblemente, por ese motivo, se conserva tan espectacularmente bien.

Es un ecosistema aislado con 195 especies de aves y 400 tipos de plantas endémicas. Por otro lado se trata de un hábitat de docenas de especies raras y amenazadas, como el zorro volador de Bonin o el legendario calamar gigante Architeuthis.

¿Cómo llegar? El ferry llega desde Tokyo a la isla de Chichi. No hay otra manera de llegar. Son 25 horas de navegación. Sales sobre las 10h de la mañana, desde el muelle de Takeshiba, en el ferry de la línea Ogasawara Maru, y alcanzas Chichijima a las 11,30 horas del día siguiente. Un día y una hora de trayecto – y lo mismo al regresar -, lo que significa que has de calcular mínimo 5 días para esta escapada puesto que el ferry no es diario, es cada tres días. Las salidas son cada tres días desde Tokyo y un billete clase turista de ida sale por unos 250 euros (estudiantes 200 euros). Una vez desembarcas en las islas existe un servicio de autobús y alquiler de coche, motos scooter (unos 25€) o bicicletas (10€) para que uno pueda moverse a su aire. Luego, para visitar la isla Haha, existe un ferry que sale cada dos días del puerto de la isla Chichi y tarda unas dos horas. Las fechas más recomendables para visitar el archipiélago son entre mayo y septiembre. Básicamente en verano. Pero el mejor momento es a finales de junio y principios de julio, dado que así se evita la temporada turística. Si por lo que sea, solo puedes de julio a agosto, asegúrate de reservar con bastante antelación.

Las islas Ogasawara son perfectas para la práctica del snorkeling y el buceo. Se pueden observar mantarrayas, tiburones, tortugas marinas, delfines, ballenas y abundantes arrecifes de coral. El lugar principal de buceo es Chichi-jima y las aguas alrededor de Hyotan-jima, Minami-jima y Hirashima. Las dos mejores playas para practicar el snorkel se encuentran en el lado norte de Chichi-jima, Miyano-hama y Tsuri-hama, ambas a un corto paseo de la población principal. Miyano-hama está protegido y tiene un coral muy bonito, por lo que es adecuado para principiantes, mientras que Tsuri-hama es una playa rocosa con corales más sofisticados pero más expuesta al oleaje.

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Miyano-hama, archipiélago de Ogasawara (Japón)

Estancia: Hay aproximadamente 60 estancias donde alojarse en la isla de Chichi. Hay un poco de todo. Desde hoteles típicos para turistas a estancias de estilo tradicional japonés. Baratos, medios y caros. Lo precios rondan entre los 50€ y los 100€ por noche. En Haha-jima no hay tantas opciones, pero hay algún albergue interesante también.

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Basado en un artículo aparecido en La Vanguardia en agosto 2018





La ruta Nakasendo, un viaje al Japón de hace tres siglos

27 09 2018

Comerciantes, funcionarios y señores feudales la utilizaron en sus largos desplazamientos de Kyoto a Tokio


La ruta Nakasendo, un viaje al Japón de hace tres siglos
Narai-juku es un pequeño pueblo en el camino entre Tokio y Kyoto, Japón (Umarin Nakamura – iStock)

Las grandes urbes de Japón son abrumadoras: enormes rascacielos, impresionantes templos, bicicletas, tecnología punta, gente a todas horas, luces, bullicio… hay mucho que ver y hacer, pero también hay lugares más tranquilos, menos turísticos, situados normalmente en zonas rurales y que ofrecen la visión más tradicional del país del Sol Naciente.

La ruta Nakasendo es el antiguo camino japonés que conectaba las ciudades de Kyoto con Edo (hoy Tokio) en el período Edo (1603-1868), y que se extendía a lo largo de 534 kilómetros cruzando el precioso valle del Kiso pasando bosques, arroyos, cascadas y casas tradicionales. La ruta estaba formada por un total de 69 estaciones de descanso (shukuba) por la que transitaban los señores feudales y sus respectivos séquitos, comerciantes, funcionarios y artesanos.

 

Uno de sus tramos, entre Magome y Tsumago, de unos 8 kilómetros de distancia, permite realizar una ruta espectacular, y al mismo tiempo, admirar la arquitectura del antiguo Japón, pues las localidades aún conservan su aspecto original.

Fueron pueblos de gran prosperidad que, con el fin del periodo de Edo, y con la llegada de la industrialización, cayeron en declive porque la ruta dejó de usarse en favor del tren y el coche. Estos dos pueblos decidieron invertir para mantener su legado histórico: rehabilitando viviendas y edificios, además de prohibir el paso de vehículos en sus calles principales, creando sus propios productos artesanales que venden en sus tiendas, entre otras medidas, y de este modo consiguieron recrear una imagen ficticia de lo que fue la localidad.

La histórica ruta Nakasendo entre Magome y Tsumago, Japón

La histórica ruta Nakasendo entre Magome y Tsumago, Japón (tupungato / Getty Images/iStockphoto)

La ruta

El camino se puede iniciar en Magome, una pequeña localidad situada en una zona escarpada.. Tras visitar el museo local, las casas de té o descubrir pequeñas tiendas con encanto, se puede visitar el Museo Magome Wakihonjin – el Wakihonjin era la posada secundaria y se usaba para alojar a señores feudales menores y ricos mercaderes-. En su interior hay un pequeño museo sobre la historia de Nakasendo y Magome.

 

Magome, Japón
Magome, Japón (sasimoto / Getty Images/iStockphoto)

También se puede experimentar la meditación zen, en el templo Eihoji, antes de acercarse al punto de salida, el mirador de Magome, que ofrece unas vistas espectaculares de toda la zona.

Los primeros dos kilómetros son de subida hasta el puerto de montaña de Magome-toge, y a partir de ahí, ya es casi todo bajada. El camino transcurre en silencio por una zona boscosa, pasando por molinos, arrozales, pequeñas aldeas y bellos paisajes como los que ofrecen las cascadas de Medaki y Odaki, o el santuario Kurashina.

La cascada Odaki en la ruta Nakasen, Japón
La cascada Odaki en la ruta Nakasen, Japón (Patrick_Gijsbers / Getty Images/iStockphoto)

En el camino el viajero encontrará, además, cada ciertos metros, una campana para hacer sonar y ahuyentar así a los posibles osos que puedan aparecer en la ruta.

 

Poco antes de llegar al punto final, Tsumago, hay un bosque de bambú donde perderse. Y ya en la localidad es bueno pasear por sus calles empedradas y admirar la arquitectura que traslada al viajero al Japón más tradicional. Su calle principal está llena de mesones, casas de te y tiendas de artesanía, y cerca de esta calle se encuentra eltemplo Kotoku-ji, que se cree que data originalmente del año 1500.

Tsumago, Japón
Tsumago, Japón (ferrantraite / Getty Images/iStockphoto)

Entre sus atractivos se encuentran dos antiguas posadas que se han convertido en museos: la posada Waki Honjin reconstruida en 1877, y la posada Honjin Toson, ambos forman el Museo Nagiso-machi.

En ambas localidades se puede dormir en algún ryokan, alojamientos típicos del país con habitaciones de tatami, además de acudir a algún onsen, donde disfrutar de un baño en aguas termales y conseguir sentirse como un verdadero shogún.

Posada Waki-honjin en Tsumago, Japón
Posada Waki-honjin en Tsumago, Japón (La Oficina Nacional de Turismo de Japón (JNTO))

 





Su Excelencia (cuento)

4 09 2018
Su Excelencia, el señor gobernador Musho Keishu, va de viaje; avanza al paso lento de sus porteadores hacia Kamakura, la gran capital shogunal. Confortablemente recostado en los cojines de seda, con las manos puestas sobre su redondo vientrecito, que se mueve amablemente al ritmo de su litera, el señor gobernador se adormila un poco y echa un sueño. Su guardia personal de nobles samurais va a su alrededor y le protege  Después, ordenadamente, le siguen los criados, los animales y el equipaje. El señor gobernador, con sonrisa beatifica en su rostro liso, muy dulcemente, se duerme.
En las colinas de Kamakura, en un lugar apacible desde el que se domina al mismo tiempo la ciudad y el mar, el maestro zen Unkei ha instalado su taller de estatuaria detrás de una moderna pagoda. Esculpe en madera budas de sonrisa eterna. Tambien recibe a gentes de toda condición que solicita de sus consejos. Unkei es un hombre exteriormente rudo, silencioso, pero nunca niega su ayuda a todo aquel que la demanda, y todos lo veneran. Esta mañana precisamente el joven monje que hace de portero se acerca con aire preocupado; trae religiosamente en la mano una carta de presentación maravillosamente adornada y decorada. En ella se lee:
Su excelencia Musho Keishu
Gobernador de Kioto
Consejero personal del Shogun
“No tengo nada que decirle a este hombre”, dice secamente Unkei, que deja la carta y sigue trabajando. El joven portero, desconcertado y asustado, regresa a anunciarle al criado de Su Excelencia la negativa del maestro. Temblando, espera cual será la reacción del alto personaje, que por el momento no ha salido de la litera.
“Monje, ¡Su Excelencia te está esperando!”
El portero, más muerto que vivo, se presenta humildemente ante el señor gobernador, que está confortablemente recostado en sus cojines de seda.
– ¿Tu maestro no quiere recibirme?, -responde Su Excelencia más asombrado que irritado-, ¿Te ha dado algún motivo?
– No, señor.
– ¿Ya sabe que podría mandar que le cierren el taller, encarcelarlo a él y a los suyos y empalar a sus criados?
– ¡Piedad Señor!, exclama el joven novicio cayendo de rodillas.
Su Excelencia el Gobernador no es mal hombre. Medita un instante, mullidamente recostado en sus cojines de seda. A su alrededor, la guardia de samurais se ha puesto en tensión, algunos ya tienen la espada en la mano.
– Hum Hum, -dice el gobernador-, voy a probar una cosa.
Tacha todos sus títulos, y no deja en la tarjeta mas que su nombre: Musho Keishu.
– Anda y llévale de nuevo a tu maestro mi tarjeta de visita.
Unkei esta lacando un buda de madera. Coge la tarjeta que el monje portero le tiende temblando.
– Recibiré encantado a este hombre, responde.
***
He arrojado esa cosa minúscula
que llaman “yo”
y me he convertido en el mundo inmenso
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