Acéptalo. ¡No sabes nada!

10 12 2018

Pues sí. En cualquier aspecto de la vida y del conocimiento, creo que es obligado ser consciente y aceptar humildemente y de buen grado, que en realidad lo que sabes de algo es insignificante frente a todo lo que podrías saber sobre ello.

La famosa frase del filósofo Sócrates, “Sólo sé que no sé nada”, se convierte por supuesto en una gran verdad, pero hay que tamizarla y saber ver lo que en realidad quería decir el gran pensador griego. No nos dice que él no sepa nada, sino que tenía aún tanto por aprender que lo que en realidad sabía no tenía gran relevancia para él, pues era más consciente de su ignorancia que de su sabiduría. Lo cual a mi entender demuestra lo sabio que era 🙂

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Haz un ejercicio mental conmigo. No sé cuantos años llevas de práctica marcial, pongamos en Bujinkan que es lo que más conocen los lectores de este blog. ¿Cuántos años llevas de practica continuada? ¿5, 10, 15, 20, 30 años? es igual. No importa. Lleves los que lleves. Imagina que de repente te llega la posibilidad de empezar a aprender, entrenar, practicar, un arte muy distinto, con un enfoque totalmente diferente. Pero te apetece mucho meterte en ese camino también, sin abandonar el que ya llevas, porque en el fondo ves que la esencia es la misma, aunque todo parece diferente. Pongamos por caso que es un arte marcial de la India. Así pues, encuentras un maestro de ese arte, y un grupo de gente que lo estudia y practica, y te metes para probar. ¿Qué crees que va a suceder? Tú ya sabes de artes marciales, pero ahí todo va a ser nuevo para ti. ¿Recuerdas las primeras clases de Bujinkan que hiciste? ¿tus primeros tiempos? Pues va a ser lo mismo. Todo nuevo. Nombres de cosas que no sabes qué son. El maestro habla de principios y métodos que no entiendes en absoluto. Es como si te hablaran en un idioma desconocido. Enseguida te vas a enterar por tus compañeros que existen otras ramas del arte que trabajan diferente para llegar a los mismos objetivos, que hay otros maestros muy buenos por ahí… ¿Te suena de algo todo esto? 🙂

¡Y tú que pensabas que sabías algo! Acéptalo ¡No sabes nada!

Sigamos imaginando. ¿Te acuerdas de aquellos antiguos videojuegos de aventuras? Tantos años jugando que te sabías todas las pantallas y todos los trucos para pasarlas. Pues imagina que estás jugando con él, y de repente tu personaje llega a un punto de una pared en la que nunca se había apoyado, y chaaan! se abre una puerta secreta que da… a otra aventura que desconoces por completo…¡Es como un videojuego nuevo! ¡Una pantalla de nivel superior! Pero ahí tus viejos trucos ya no dan puntos, a las primeras de cambio te matan y tienes que volver a empezar…todo funciona diferente. ¡Joder!

¿Qué haces en cualquiera de los dos ejemplos? Es tan fácil quedarnos en nuestra zona de confort… cerrar los ojos ante esas nuevas puertas, no dar el paso, no entrar ahí y seguir jugando en el terreno conocido de siempre, marcando récords nuevos en el videojuego, o ganando más reconocimientos y diplomas o medallas en el arte de siempre…¿O das el paso y entras?

Cualquiera de las nuevas opciones parece excitante, ¡pero a la vez muy difícil! Si entras en ese juego nuevo o en el nuevo arte vas a tener que volver a aprender. Todo. Porque, acéptalo, ¡No sabes nada! Vas a tener que admitir que aunque eres bueno en algunas cosas, vas a tener que trabajar duro para aprender muchas otras que desconoces si quieres llegar vivo al final de la aventura.

Y ahora volvamos a nuestra realidad. Nuestra realidad marcial. Aceptemos que no sabemos nada y vayamos siempre con la taza vacía. Lo contrario es de locos o estúpidos. Para progresar marcialmente hay que aceptar la dura realidad de nuestra ignorancia, hay que “comer mucho amargo” como dicen los maestros chinos, es el musha shugyo según los japoneses. Hay que prepararse para llorar porque este es un camino solitario lleno de frustraciones. Cuanto más avanzas y te internas más lejos te parece el objetivo, es como correr en una cinta sin fin…

Y todo esto es algo muy duro y difícil de aceptar, muchas veces imposible, sobre todo para aquellos que tienen el ego un poco elevado. A menos que seas de los que vive en los mundos de Yuppi o formes parte de la Iglesia del Budo Cósmico, pero eso es otro cantar… Aceptar que no sabes nada tras tanto años de entreno, tras tantos años de dar clases, más cuando hablamos de disciplinas como las nuestras, las artes marciales, donde hay tantos que se creen grandes maestros cuando ni siquiera saben realizar correctamente lo más básico.

¿Te crees que eres un gran maestro porque tienes un diploma que lo dice? 10º dan? 15º dan? Dai Shihan? ¿Y qué vas a hacer cuando alguien venga realmente a arrancarte la cabeza a puñetazos o a meterte 10 cm de acero en la barriga? ¿Le enseñarás el diploma? ¿Crees que se quedará congelado tras el primer ataque y que vas a controlarle con un dedo? ¿Qué harás cuando eso no suceda? ¿Qué le estás enseñando a tus alumnos?

Yo lo tengo claro. ¡Acepto que no sé nada! E intento remediarlo. Cada día. Acepta tu ignorancia y nunca menosprecies a nadie, por muy joven que sea, por muy poco que aparente. Quizás ese joven que ha venido a probar tus clases y que no sabe ni atarse el cinturón lleve 10 años practicando el arte del cuchillo filipino y 30 combates a primera sangre a sus espaldas. ¿Y tu vas a enseñarle tanto jutsu? ¿Tú que nunca has realizado una técnica con un cuchillo real de filo cortante? Mejor acepta que no sabes nada y deja que él te enseñe a tí algunas cosas.

Y tampoco idolatres nada ni a nadie. Ni tu arte marcial es el mejor, ni lo tiene todo, ni tu maestro es el mejor ni lo sabe todo. No, nuestro Sôke tampoco. Ni él ni ningún Sôke o Gran Maestro de ningún arte marcial. Todos cometen fallos, no son invencibles. Son humanos. Nadie tiene todas las respuestas ni todo el conocimiento. Nadie tiene una técnica infalible. Ni hay arte mejor que otro. Sólo hay personas.

Aprende a aceptarlo. Aceptar es un primer paso para aprender. Y aprender lo que sea, y por supuesto artes marciales, puede ser una forma de vida. Debes ser lo suficientemente humilde para aceptar y reconocer que por muchos años que lleves, y aunque dominas unas cuantas cosas, no eres bueno en muchas otras. No sólo no eres bueno, sino que, Acéptalo, ¡No sabes nada! Y tienes que encontrar la disponibilidad y la fuerza de voluntad para adquirir esos nuevos conocimientos y mejorar los que ya conoces. Y eso pasa necesariamente por conocer a otras personas y sus ideas, aceptarlas y aprender de ellas.

El ignorante cree que lo sabe todo y que siempre tiene razón. El sabio en cambio reconoce que aún tiene mucho por aprender de otros, y busca nutrirse de los conocimientos que poseen los demás, con el objetivo de ganar nuevas perspectivas, puesto que como Sócrates, sabe que no sabe nada.

Dani Esteban -Kôryu-

Bujinkan Bushi Dojo, Barcelona

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En las clases del Sôke no aprendo nada.

1 06 2013

“En las clases del Sôke no aprendo nada”. Es una frase que he escuchado ya en no pocas ocasiones. Y salida de diferentes bocas. La última vez que la escuché fue en Japón en este último viaje, a un Shidoshi. Y cuando escucho esa frase no se si echarme a reír o a llorar. No se si echarme a reír cuando sale de la boca de un principiante, porque es lo normal ; o si echarme a llorar porque evidentemente sale de la boca de alguien que aún no ha entendido nada, por muchos años que lleve involucrado en la Bujinkan.

¿Dices que no aprendes nada con el Sôke? ¿Y qué es lo que esperas aprender? Mi pregunta es ¿cuántos años llevas entrenando seriamente en la Bujinkan? y lo más importante ¿con quién? ¿que grado tienes tú y qué grado tiene tu maestro?

Imagina un estudiante de guitarra por ejemplo, un estudiante de 3er año de guitarra pongamos por caso, que estudie bajo la tutela de un profesor de guitarra normal y corriente, en un conservatorio normal y corriente. Y que tenga la oportunidad de asistir a un concierto del maestro Paco de Lucía por ejemplo. No entenderá nada. No aprenderá nada. Es obvio. Porque Paco de Lucía está a años luz de las posibilidades tanto técnicas como de comprensión del estudiante de 3er año de guitarra. Y además, porque Paco de Lucía en ese concierto no está dando clase, no está enseñando, está expresando su arte.

Y eso es lo que hace Hatsumi Sensei. Hatsumi Sensei no enseña, no da clase. Se limita a mostrar su arte, a expresarse a través de su Budo, que además es un budo misterioso y sutil.

Hatsumi Sôke hace ya muchos años que dice que él únicamente “enseña” para los más altos grados. Y que “enseña sin enseñar”, solo para aquellos que sean capaces de ver más allá. Y lo repite constante e insistentemente. Cuando aún no había Shihanes o casi ninguno occidental, Sensei decía que él sólo enseñaba para Shidoshis, de 5º dan para arriba. Luego decía que sólo enseñaba para Shihanes, de 10º dan para arriba. Y ahora hace ya años que dice que él sólo enseña para Jugodans (15ºs danes).

Y tú dices que no aprendes nada en sus clases. ¿Y que esperabas? ¿Que el Sôke te corrija el kamae? ¿Que te enseñe a realizar correctamente una proyección o una luxación? ¿En qué mundo vives? ¿Has escuchado alguna vez atentamente las palabras del Sôke? No las que tú quieres escuchar, sino las que dice realmente, y las que no dice. ¿Has leído sus libros? ¿Has leído entre líneas? ¿Has escuchado a sus Shihanes japoneses hablar sobre las enseñanzas del Sôke? ¿Sobre lo que debería ser y no es, o sobre lo que no debería ser y es?

El otro día en el Hombu Dojo lo volvió a repetir de manera insistente. Dijo que él enseñaba únicamente para los demoquintos danes, que el resto de la gente tenía que venir allí, sí, pero que no se preocuparan de intentar entender lo que él hacía, ni tratasen de copiarlo, ni siquiera de entrenarlo. Que lo vieran y luego lo olvidasen. Y que si no eran 15º dan, lo que tenían que hacer es buscar un buen Shihan, mejor si es 15º dan, que les ayudase a progresar en su camino de Budo, que les proporcionase las bases y fundamentos apropiadamente y les diese las piezas del puzzle para que así poco a poco pudiesen llegar algún día a entenderlo.

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Hatsumi Sôke realizando una técnica con Kim Oliveras de Uke. Japón, Mayo 2013

Obviamente no es que el grado te de la sabiduría, ni mucho menos. Pero se supone que si alguien es 15º dan es porque lleva ya muchos años a sus espaldas entrenando en la Bujinkan con diferentes maestros, porque ha entrenado en muchas ocasiones con el Sôke y con los Shihanes japoneses, no solo en Japón sino en los antiguos Tai Kai etc., se supone que tiene una base sólida y unos cimientos fuertes, y que todo eso hace que su “mochila” de Budo contenga ya muchos elementos que le hacen ver y entender mejor que al resto lo que el Sôke “enseña” o mejor dicho, muestra. Como él mismo se ha encargado de repetir en multitud de ocasiones, el Sôke no “enseña”, el Sôke solo se encarga de “mostrar”, y muestra únicamente una pequeña parte de la inmensidad de su Budo. La punta del iceberg. Y somos nosotros los que tenemos el deber y la responsabilidad de rascar y de bucear alrededor de esa punta de iceberg y encontrar el grandísimo resto que queda oculto bajo las aguas y que Hatsumi Sensei mantiene deliberadamente oculto a los ojos de aquellos que no quieren sudar el keikogi, oculto a aquellos que pretenden que lo que allí se ve es el todo y no solamente una mínima parte. Detalles importantísimos, sí, pero insuficientes para la supervivencia, para el combate real. Y creen que “copiando” eso y solo eso, de la mejor manera posible, serán grandes Budokas, invencibles artistas marciales. Que grandísimo error. Ojalá no tengan nunca que comprobar en sus carnes cuan equivocados están. ¿Cuántas veces hemos oído al Sôke diciendo que si nos limitamos a hacer únicamente lo que él hace estaremos muertos en un combate real? Muchas. Docenas de veces. ¿Y eso qué significa? Busca la respuesta en tu propio entrenamiento.

Gracias a Dios yo puedo decir que SI que aprendo en las clases del Sôke. Y que aprendo mucho, y cada vez más. Con el resto de Shihanes aprendo a perfeccionar mis bases y fundamentos, aprendo a corregir mis fallos, a pulir mi forma y a hacerme más fuerte en mi Budo para seguir las huellas del Sôke. Y con el Sôke aprendo que aún me queda mucho por aprender y mejorar. Aprendo que aún tengo que esforzarme mucho y sudar mucho el keikogi si no quiero estancarme y quedarme atrás. Las enseñanzas del Sôke alimentan mi espíritu guerrero y mi alma de eterno aprendiz de Budoka. Me recargan de energía nueva y renovada. Con él aprendo a aprender, aprendo los caminos misteriosos y sutiles del Budo, aprendo a continuar, a no desfallecer, a seguir en el camino, siempre adelante, perseverando hasta el final. Kan Nin.

Dani Esteban -Kôryu-

Shihan Bujinkan Dojo, Jugodan

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Dragón pintado por el Sôke haciendo referencia a mi “bugo”,
Kôryu (Dragón de Luz)