La ruta Nakasendo, un viaje al Japón de hace tres siglos

27 09 2018

Comerciantes, funcionarios y señores feudales la utilizaron en sus largos desplazamientos de Kyoto a Tokio


La ruta Nakasendo, un viaje al Japón de hace tres siglos
Narai-juku es un pequeño pueblo en el camino entre Tokio y Kyoto, Japón (Umarin Nakamura – iStock)

Las grandes urbes de Japón son abrumadoras: enormes rascacielos, impresionantes templos, bicicletas, tecnología punta, gente a todas horas, luces, bullicio… hay mucho que ver y hacer, pero también hay lugares más tranquilos, menos turísticos, situados normalmente en zonas rurales y que ofrecen la visión más tradicional del país del Sol Naciente.

La ruta Nakasendo es el antiguo camino japonés que conectaba las ciudades de Kyoto con Edo (hoy Tokio) en el período Edo (1603-1868), y que se extendía a lo largo de 534 kilómetros cruzando el precioso valle del Kiso pasando bosques, arroyos, cascadas y casas tradicionales. La ruta estaba formada por un total de 69 estaciones de descanso (shukuba) por la que transitaban los señores feudales y sus respectivos séquitos, comerciantes, funcionarios y artesanos.

 

Uno de sus tramos, entre Magome y Tsumago, de unos 8 kilómetros de distancia, permite realizar una ruta espectacular, y al mismo tiempo, admirar la arquitectura del antiguo Japón, pues las localidades aún conservan su aspecto original.

Fueron pueblos de gran prosperidad que, con el fin del periodo de Edo, y con la llegada de la industrialización, cayeron en declive porque la ruta dejó de usarse en favor del tren y el coche. Estos dos pueblos decidieron invertir para mantener su legado histórico: rehabilitando viviendas y edificios, además de prohibir el paso de vehículos en sus calles principales, creando sus propios productos artesanales que venden en sus tiendas, entre otras medidas, y de este modo consiguieron recrear una imagen ficticia de lo que fue la localidad.

La histórica ruta Nakasendo entre Magome y Tsumago, Japón

La histórica ruta Nakasendo entre Magome y Tsumago, Japón (tupungato / Getty Images/iStockphoto)

La ruta

El camino se puede iniciar en Magome, una pequeña localidad situada en una zona escarpada.. Tras visitar el museo local, las casas de té o descubrir pequeñas tiendas con encanto, se puede visitar el Museo Magome Wakihonjin – el Wakihonjin era la posada secundaria y se usaba para alojar a señores feudales menores y ricos mercaderes-. En su interior hay un pequeño museo sobre la historia de Nakasendo y Magome.

 

Magome, Japón
Magome, Japón (sasimoto / Getty Images/iStockphoto)

También se puede experimentar la meditación zen, en el templo Eihoji, antes de acercarse al punto de salida, el mirador de Magome, que ofrece unas vistas espectaculares de toda la zona.

Los primeros dos kilómetros son de subida hasta el puerto de montaña de Magome-toge, y a partir de ahí, ya es casi todo bajada. El camino transcurre en silencio por una zona boscosa, pasando por molinos, arrozales, pequeñas aldeas y bellos paisajes como los que ofrecen las cascadas de Medaki y Odaki, o el santuario Kurashina.

La cascada Odaki en la ruta Nakasen, Japón
La cascada Odaki en la ruta Nakasen, Japón (Patrick_Gijsbers / Getty Images/iStockphoto)

En el camino el viajero encontrará, además, cada ciertos metros, una campana para hacer sonar y ahuyentar así a los posibles osos que puedan aparecer en la ruta.

 

Poco antes de llegar al punto final, Tsumago, hay un bosque de bambú donde perderse. Y ya en la localidad es bueno pasear por sus calles empedradas y admirar la arquitectura que traslada al viajero al Japón más tradicional. Su calle principal está llena de mesones, casas de te y tiendas de artesanía, y cerca de esta calle se encuentra eltemplo Kotoku-ji, que se cree que data originalmente del año 1500.

Tsumago, Japón
Tsumago, Japón (ferrantraite / Getty Images/iStockphoto)

Entre sus atractivos se encuentran dos antiguas posadas que se han convertido en museos: la posada Waki Honjin reconstruida en 1877, y la posada Honjin Toson, ambos forman el Museo Nagiso-machi.

En ambas localidades se puede dormir en algún ryokan, alojamientos típicos del país con habitaciones de tatami, además de acudir a algún onsen, donde disfrutar de un baño en aguas termales y conseguir sentirse como un verdadero shogún.

Posada Waki-honjin en Tsumago, Japón
Posada Waki-honjin en Tsumago, Japón (La Oficina Nacional de Turismo de Japón (JNTO))

 

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