Su Excelencia (cuento)

4 09 2018
Su Excelencia, el señor gobernador Musho Keishu, va de viaje; avanza al paso lento de sus porteadores hacia Kamakura, la gran capital shogunal. Confortablemente recostado en los cojines de seda, con las manos puestas sobre su redondo vientrecito, que se mueve amablemente al ritmo de su litera, el señor gobernador se adormila un poco y echa un sueño. Su guardia personal de nobles samurais va a su alrededor y le protege  Después, ordenadamente, le siguen los criados, los animales y el equipaje. El señor gobernador, con sonrisa beatifica en su rostro liso, muy dulcemente, se duerme.
En las colinas de Kamakura, en un lugar apacible desde el que se domina al mismo tiempo la ciudad y el mar, el maestro zen Unkei ha instalado su taller de estatuaria detrás de una moderna pagoda. Esculpe en madera budas de sonrisa eterna. Tambien recibe a gentes de toda condición que solicita de sus consejos. Unkei es un hombre exteriormente rudo, silencioso, pero nunca niega su ayuda a todo aquel que la demanda, y todos lo veneran. Esta mañana precisamente el joven monje que hace de portero se acerca con aire preocupado; trae religiosamente en la mano una carta de presentación maravillosamente adornada y decorada. En ella se lee:
Su excelencia Musho Keishu
Gobernador de Kioto
Consejero personal del Shogun
“No tengo nada que decirle a este hombre”, dice secamente Unkei, que deja la carta y sigue trabajando. El joven portero, desconcertado y asustado, regresa a anunciarle al criado de Su Excelencia la negativa del maestro. Temblando, espera cual será la reacción del alto personaje, que por el momento no ha salido de la litera.
“Monje, ¡Su Excelencia te está esperando!”
El portero, más muerto que vivo, se presenta humildemente ante el señor gobernador, que está confortablemente recostado en sus cojines de seda.
– ¿Tu maestro no quiere recibirme?, -responde Su Excelencia más asombrado que irritado-, ¿Te ha dado algún motivo?
– No, señor.
– ¿Ya sabe que podría mandar que le cierren el taller, encarcelarlo a él y a los suyos y empalar a sus criados?
– ¡Piedad Señor!, exclama el joven novicio cayendo de rodillas.
Su Excelencia el Gobernador no es mal hombre. Medita un instante, mullidamente recostado en sus cojines de seda. A su alrededor, la guardia de samurais se ha puesto en tensión, algunos ya tienen la espada en la mano.
– Hum Hum, -dice el gobernador-, voy a probar una cosa.
Tacha todos sus títulos, y no deja en la tarjeta mas que su nombre: Musho Keishu.
– Anda y llévale de nuevo a tu maestro mi tarjeta de visita.
Unkei esta lacando un buda de madera. Coge la tarjeta que el monje portero le tiende temblando.
– Recibiré encantado a este hombre, responde.
***
He arrojado esa cosa minúscula
que llaman “yo”
y me he convertido en el mundo inmenso
Natsume Soseki photo.jpg
Anuncios